El Victimismo y la Autocompasión – La gran confusión

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Victimismo vs Autocompasión
Redefinir conceptos – Victimismo vs Autocompasión

Vamos a ver cómo vivimos esta confusión de conceptos entre el victimismo y la autocompasión. Sobre todo, como el victimismo afecta negativamente en nuestras vidas. Esto es solo una pequeña muestra de algunos de los conceptos que más me han llamado la atención. Durante estos años de trabajo con personas y con mis estudios dentro de la filosofía del lenguaje, han aparecido en multitud de ocasiones.

Hay ejemplos que podrán parecer exagerados, te puedo asegurar que los he vivido de primera mano, aun así, existen tantas maneras de experimentar estas confusiones como personas existen. En ningún momento pretendo mostrar reglas o modelos, solo desde mi experiencia profesional, aclarar la vivencia que existe detrás de estas confusiones entre conceptos y la influencia que tienen en nuestros comportamientos y por tanto en nuestras vidas.

¿Qué es el victimismo?

El victimismo es un patrón de comportamiento, algunos lo consideran un rasgo de la personalidad (aprendido). Es la tendencia de una persona a adoptar un rol de víctima constante. Los grupos de personas o colectivos también pueden utilizar este patrón de comportamiento para considerarse víctima o a hacerse pasar por tal.

El victimismo se vive desde un prisma dramático y egocéntrico. Paradójicamente, aún siendo narcisista o ególatra, la culpa de los sufrimientos y desgracias será “siempre” externa. Eligen otras personas o circunstancias para que sean las causantes de sus problemas. Es demasiado para la persona victimista asumir la responsabilidad que tienen sus actos. Admitir que algo tienen que ver con la situación que les molesta o les hace sufrir, está fuera del mundo en el que viven. La Responsabilidad es una palabra que no está ni en su vocabulario, ni en su lista de valores.

¿Qué palabra utilizan más? ¿Cuál es su mecanismo de defensa ante las frustraciones?

Utilizan culpa y por supuesto, culpan a su pareja o expareja, a su padre o su madre, a sus jefes, a sus colegas, a su hermano mayor o al más pequeño, a sus hijos, a los programas de televisión, a las redes sociales…. A quién haga falta, pues es imposible para ellos reconocer que en algún momento han tenido que ver con eso que les hace sufrir, o con ese error o con ese problema que están viviendo. Este tipo de comportamiento ante las frustraciones, es el que llamamos mecanismo de defensa de proyección. La causa de su sufrimiento, de sus errores o fracasos vendrán de fuera, y poco a poco sus excusas, justificaciones o quejas, irán creando situaciones desagradables y conflictivas.

Cómo consecuencia, estas personas se alejan, se aíslan y crean una realidad paralela, en un mundo donde “nadie” les entienden, donde no se les aprecia lo mucho que valen y donde las personas de su entorno son las culpables de cualquier desavenencia o altercado que les ocurra.

¿De que sirve esta actitud?

Una actitud, tan triste como inútil, que les hace entrar en un círculo de inseguridades, frustraciones, de emociones que no se gestionan, como el miedo, la rabia, el rencor, la vergüenza… Pero, sobre todo, se encuentran con la impotencia de no sentirse capaces de encontrar una solución o una salida. Es imposible que desde ese lugar donde “toda la culpa la tiene el otro”, se pueda hacer algo para solucionar la situación, si “todo el daño” se crea desde fuera, entregan “todas las armas” al otro. Desde ese rincón no se tiene poder ninguno. No se tiene capacidad de acción y tampoco salida. Lamentablemente, son muchos los casos en los que la víctima se convierte en verdugo, este tema lo trataremos en otro artículo.

¿Cómo es posible que si no tengo la culpa de lo que me ocurre no puedo solucionarlo? Me preguntaba un cliente. Y es ahí, donde la persona victimista deja de apreciar algo esencial para superar esas situaciones.

Por ejemplo: El victimista, si llega calado hasta los huesos a su trabajo, por supuesto, culpa a la lluvia. Es incapaz de pensar (que claro que se ha mojado por la lluvia), pero que los paraguas existen desde el siglo XI A.C, y que aunque esta vez no lo haya traído, para la próxima si lo hará.

Del Victimismo al aprendizaje

Si aceptas que has cometido un error, por pequeño que sea, y que tienes parte de responsabilidad en aquello que te ocurre, acabas de abrir una puerta para una próxima vez. Y será una vía de escape para que cuando ocurra algo que te haga sentir mal, con vergüenza, con miedo, con enfado, o arrepentimiento… El aprendizaje surgirá cuando vuelva a ocurrir y admitas que no eres perfecto, que podemos mostrar nuestra vulnerabilidad y tomar responsabilidad de nuestros actos o la ausencia de los mismos, entonces habrás encontrado esa salida.

La próxima vez, sabrás que puedes hacer algo al respecto, puedes tomar cartas en el asunto, puedes ser quién encuentre la solución. Y ese rincón en el que te habías escondido, crecerá y dejará de someterte, dejará de arrinconarte, dejará de impedir que tomes iniciativas. Será entonces, cuando sientas que aunque las cosas no son como tú esperabas que fueran, tienes la posibilidad de actuar, porque estarás dentro de esa ecuación.

¿Cuál es el siguiente paso?

Cambiar a la autocompasión es el siguiente paso. Es la que no exagera ni magnifica, pues no es dramática y tampoco te aísla y desconecta de los demás. La autocompasión acepta las dificultades de la vida, la nuestra y la de los otros. Nos hace tomar perspectiva, nos aleja de ese rincón y nos acerca a la empatía, abriendo la puerta a un mundo de posibilidades de amor hacia uno mismo y hacia los demás.

La autocompasión es como una buena madre que consuela amablemente, comprende y sabe que su hijo aprenderá a superar obstáculos y retos. Sabe que los errores existen y que la perfección no. También sabe que pedirá ayuda, cuando sea necesario sin por eso, mermar sus capacidades creando dependencia. La autocompasión es sabiduría, es sosiego, es bondad, es atención, claridad, resiliencia y conciencia de humanidad compartida. Es interdependiente y paciente. La autocompasión si da segundas oportunidades, el victimismo no.

La autocompasión no es pena, es respeto por la persona que somos.

Extracto de: Cargando Figuras – Un libro para prevenir y resolver conflictos
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