Sumisión y Humildad – ¿Cómo se sienten las personas?

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La sumisión se define como el acto de someterse a “la autoridad” y la voluntad de otras personas, o también, someterse a aquello que las circunstancias imponen, sin cuestionarlas. La humildad es una virtud humana, propia de las personas que reconocen sus limitaciones, debilidades y sus fortalezas. Las personas humildes actúan en consecuencia, por eso se considera que el antónimo de la humildad es la soberbia.

¿Qué les une y que les separa?

¿Qué emociones existen detrás de estos conceptos? ¿Cómo son las personas sumisas? ¿Y las personas humildes? En estos dos términos, la sumisión y la humildad, existe el amor, si bien solo en uno de ellos, el miedo está presente. En la humildad cabe la autoconfianza. Una persona humilde duda, pero también, está segura de sí misma. No necesita el reconocimiento del exterior o los halagos, simplemente sabe qué significa este valor en su vida y lo transmite de manera natural. Las personas humildes son agradecidas, indulgentes, pero no blandas, atención con esto, que la amabilidad es una gran fortaleza.

¿Qué hay detrás de las personas sumisas y las humildes?

Sin embargo, el miedo está detrás de las personas sumisas, por eso, existe el recelo, la desconfianza y mucho temor, pues sienten que se encuentran en una posición inferior, en un escalón por debajo. Junto a la persona sumisa, la mayor parte del tiempo está la resignación, detrás de la persona humilde es la aceptación la que destaca. No es una norma o regla, pero sí que ocurre lo mismo que con este proverbio chino: “El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero sólo el necio se queda sentado en él”.

La persona humilde claro que puede caer en la resignación, pero no se quedará sentada en ella, pues sabrá cómo adaptarse y aceptar la situación. La humildad no impide proponerse retos y objetivos, pues sabe que las experiencias agradables o desagradables son el aprendizaje que forma parte del recorrido.

Sabiduría
Sabiduría algo que sí alcanzan las personas que trabajan la Humildad

Sin embargo, la sumisión degrada, ahoga y reprime la capacidad de automotivarse, la capacidad de sentir que tienes derecho, al menos, de intentarlo. Las personas que viven la sumisión confundida con la humildad, necesitan continuamente el apoyo o el respaldo de opiniones externas que de alguna forma validen su manera de actuar y de comunicarse. Hay algo que somete a las personas sumisas a un letargo, a una dejadez, que las humildes jamás permitirían, por amor propio.

Las personas Humildes

La humildad va acompañada de paciencia y perseverancia, de medir los tiempos y de algo que ahora llaman proactividad. La palabra humilde viene directamente del latín clásico “humus” (el suelo, la tierra). Una persona humilde tiene los pies en el suelo, por eso, la humildad se atreve cuando llega el momento, ese que no llegará a la temerosa sumisión. La persona humilde desarrolla conciencia de sus propias limitaciones y actúa en consecuencia, decidiendo cuándo y cómo afrontará las dificultades o amenazas autoritarias. La persona sumisa carece de la capacidad de cuestionar la autoridad o voluntad de los otros o de las circunstancias impuestas.

¿Cómo se hace visible la vivencia de estos dos conceptos?

Sencillamente, la persona humilde tiende a ser mucho más equilibrada en sus comportamientos, sabe que la humildad es un valor personal que forma parte de su carácter. Sabe que nada tiene que ver con su nivel de vida o capacidad económica. Sabe que los actos que le acompañan vienen de la mano de sus decisiones, fruto de la sabiduría adquirida a través de sus experiencias personales. Tiene los pies en el suelo y eso no significa que le falte el carácter.

Es hora de valorar este concepto, el de la humildad, y apreciar sus virtudes, sus fortalezas y beneficios, para alejarlo de la sumisión y de la visión meramente económica. Porque esta confusión ha enmarañado las grandes cualidades, actitudes y habilidades tan deseables hoy en día, que tiene una persona verdaderamente humilde.

Extracto del libro “Cargando Figuras”

Carmen Parrado

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