No podemos vivir sin estrés y sin miedo

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Tanto el estrés como el miedo son necesarios para vivir y además pueden manejarse. Sin embargo, la falta de conocimiento sobre este ámbito hace que el estrés y el miedo sean nuestras respuestas a un sinfín de factores. Lamentablemente nos ocurre… y dejamos que formen parte de nuestra vida cotidiana sin intentar mejorar nuestros recursos.

Decimos o escuchamos: “Qué estrés tengo”, “No puedo con tanto estrés”; “Tú problema es el estrés”; “Es normal.., lo que tienes es estrés”…. ¿Por qué nos hemos creído que el estrés es algo que se tiene o no se tiene?, dependiendo de la ocupación que tengas o la carga excesiva de trabajo? ¿Desde cuándo se piensa que con una pastilla eso del estrés desaparece? ¿Cuál es la razón por la que pensamos que la solución es que no exista en nuestras vidas?

El desconocimiento o la desinformación acerca de este concepto hacen que en muchas ocasiones lo vivamos equivocadamente. Es como pretender arreglar la avería de un coche simplemente abriendo el capó, sin saber identificar ni las partes del motor o reconocer las piezas que componen ese entramado de circuitos, tubos, cables… Pues salvando las distancias, lo mismo pasa con el estrés y con el miedo. Profundizar en su conocimiento para aprender a manejarlos es fundamental, pues solo con “mirar” no solucionamos nada.

Para empezar, como base o premisa tendríamos que saber que el estrés no se da por cuestión de edades. Tampoco de sexos, ni de profesiones en general. Está presente en la infancia, la adolescencia, en la edad adulta y tercera edad. También en las personas sin empleo o aquellas que se dedican a las labores del hogar.

¿Qué es realmente el estrés?

Una definición sencilla de esta palabra tan mal usada, sería: “Mecanismos de defensa del organismo que se activan cuando percibimos una amenaza o situación amenazante”. Hablamos entonces de percepción. Es decir, aquello que yo percibo como una amenaza que activa estos mecanismos de defensa, (fisiológicos, mentales y emocionales), puede que otra persona lo perciba como una situación sin peligro alguno y no reaccione de la misma forma.

Entonces, ¿cómo sabemos si algo es realmente estresante?

Existen dos tipos de factores estresantes: los absolutos y los relativos. En los primeros nuestra supervivencia, nuestra vida, estaría en peligro. En los segundos, esa relatividad depende de nuestra personalidad, experiencias previas y en cierto modo, también de nuestra “filosofía de vida”.

Cuando hablamos de factores estresantes absolutos es esencial que se activen esos mecanismos de defensa. Imaginaros lo contrario, andaríamos sin percibir como una amenaza, el ataque de un animal salvaje, por ejemplo, o el de un delincuente apuntándonos con un arma. Perderíamos el miedo a cualquier cosa o situación. Sin ese estrés la humanidad hubiera desaparecido de la faz de la tierra hace ya mucho tiempo. Por eso hoy en día es primordial saber que reaccionar ante esos factores absolutos asegura tu supervivencia. En este caso, es natural toda esa cascada de reacciones fisiológicas, mentales y emocionales.

Sin embargo, debemos aprender a reconocer y gestionar aquellos factores estresantes relativos, esos en los que tu vida no corre peligro. Aquí es importante que empecemos a matizar. No se puede ir por la vida reaccionando exageradamente ante situaciones tan cotidianas. Un atasco de tráfico, llegar con retraso a una cita, que te manchen una camisa o vestido… Qué escuches un cotilleo sobre ti, o simplemente que alguien muestre una opinión distinta a la tuya… Aprender a priorizar es uno de los primeros pasos para que nuestro cerebro no reaccione como si del fin del mundo se tratara. La reacción mental debe ser adecuada y proporcional a la situación.

Datos según el Instituto Nacional de Estadística (INE) y la Organización Mundial de la Salud (OMS)

Tristemente vivimos en una sociedad donde los factores estresantes relativos se presentan continuamente y en algunos casos de forma ininterrumpida. Los datos no engañan, y el 59% del personal laboral en España, según el Instituto Nacional de Estadística, sufre algún tipo de estrés. Las bajas laborales relacionadas con trastornos emocionales o psicológicos están entre el 30% y el 40%. También, y hasta un 50%, el estrés se encuentra detrás de las altas tasas de rotación y absentismo laboral. No entraré en las pérdidas económicas que esto supone para las empresas y cómo afecta al PIB en España.

Un comunicado de prensa de la (OMS) y el Banco Mundial el 13 de abril de 2016, dice que los trastornos mentales comunes están aumentando en todo el mundo de forma dramática. La Directora General de la Margaret Chan dice «Sabemos que el tratamiento de la depresión y la ansiedad tiene sentido desde el punto de vista de la salud y el bienestar, pero este nuevo estudio confirma que también lo tiene desde una perspectiva económica». Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental se publica una nota informativa en el lugar de trabajo: http://www.who.int/mental_health/in_the_workplace/es/ 

 ¿Hay algo que podamos hacer al respecto?

La respuesta, en mi opinión es mucho más alentadora que los datos. Claro que sí se puede aprender a manejar el estrés para que no llegue a ser crónico. Para que no lleguemos a ese síndrome del “quemado” que tanto asusta y que no solo está presente en lo laboral.

¿Qué necesitamos saber para no llegar a este límite?

Primero, existe un estrés positivo llamado Eustrés. El eustrés sirve de estímulo para conseguir retos. Además nos llena de energía para que nuestro desempeño sea óptimo y dirige nuestro enfoque para que la atención y la concentración sean adecuadas.

Se ha podido agrupar en 4, las características del estrés. Algo que implique Novedad, que sea Imprevisible, que provoque Sensación de Descontrol y que suponga una Amenaza para la Personalidad. No tienen que darse las 4 características a la vez. A veces solo con una de ellas ya es suficiente para activar el estrés como respuesta. Es entonces cuando al percibir esa amenaza nuestra reacción es de huida, ataque o bloqueo.

Aquí aparece la emoción del miedo

Cuanto mayor sea la amenaza que percibimos mayor será la intensidad del miedo que sentimos.

Como se trata de mejorar nuestros recursos frente a esos factores estresantes relativos, debemos ser objetivos a la hora de graduar esa intensidad. ¡No estás en peligro de muerte, recuérdalo! Mira esa amenaza de frente, y haz balance de tus recursos.

Cuando hablamos de factores estresantes relativos está demostrado que el problema es en la intensidad de aquello que sentimos. No la situación en sí misma. En demasiadas ocasiones vivimos y sentimos desproporcionadamente y con un enfoque fatalista.

Carmen Parrado Coach

El aprendizaje del manejo del estrés es posible, se puede trabajar, y hasta aprovecharse del Eustrés, ese que es positivo. Si bien, es importante saber que algunas circunstancias o características personales pueden actuar como intensificadores del estrés. Por ejemplo, alguno de estos malos acompañantes pueden ser entre otros:

  • Fuerte dependencia a la aprobación de los demás, o por el contrario sentirse imprescindible.
  • Impaciencia, “eso de lo quiero para ayer”.
  • Falta de tolerancia a las frustraciones.
  • No aceptar nuestras limitaciones.
  • Incapacidad de pedir o aceptar ayuda
  • Intentar contentar a “todo” el mundo.
  • Ese querer controlar lo incontrolable
  • Búsqueda de la perfección, que parece estar de moda, y mira que es algo que no existe.

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