Miedo Mentales y su relación con las habilidades sociales.

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Diferenciar un miedo real de un miedo mental o imaginario es una tarea pendiente de aprobar. Si quieres comprobarlo, prueba haciendo una lista de miedos propios o pregunta a alguien cercano. Hoy en día, existe en nuestras cabecitas, un tanto por ciento de pensamientos demasiado alto, relacionado con los miedos mentales. Esos irracionales o irreales donde el estímulo es fruto de pensamientos distorsionados, la mayor parte de ellos, catastrofistas.

Miedos-mentales-vs-Habilidades-Sociales

A cada día le bastan sus temores, y no hay por qué anticipar los de mañana.

Charles Péguy

Miedo a la incertidumbre, miedo social, miedo al fracaso, miedo a la soledad, miedo al éxito… Son un ejemplo de miedos mentales que perturban a la persona que los sufre. No olvidemos que también afectarán a las personas más cercanas, pues estos miedos condicionan y modifican nuestros comportamientos y nuestra manera de comunicarnos.

Es decir, no solo imaginamos estos miedos sino que reaccionamos ante ellos con otras emociones que aparecen como consecuencia del manejo disfuncional de esta emoción. La vergüenza, la culpa, el enojo, la tristeza… entre otras, suelen surgir después. Por eso, son estos miedos los protagonistas de una mala película. Nuestras habilidades sociales se ven mermadas y nuestro bienestar psicológico afectado por situaciones que no han ocurrido. Sin embargo provocan respuestas psicofisiológicas muy desagradables.

¿Qué ocurre cuando nos relacionamos con otras personas desde estos miedos?

Nuestras conductas y nuestra manera de comunicar no van en consonancia con la persona que somos. La realidad distorsionada que imaginamos es la responsable de las emociones que aparecen de forma secundaria, sustitutivas o instrumentales.

Una sociedad donde el ritmo de los cambios es vertiginoso. Además de la sobrexposición de nuestra “imagen”, que ya en las redes sociales está convirtiéndose en un hábito, entre otras circunstancias, suponen el caldo de cultivo perfecto para que el miedo a lo desconocido o a la incertidumbre, el miedo social, el temor a juicios negativos de otras personas… estén haciendo estragos en nuestras habilidades sociales y comunicativas.

Estos miedos mentales son de “nuestra propiedad y responsabilidad”. Si los llevamos a las conversaciones hacen mucho daño, pues nuestras palabras son el reflejo de malas interpretaciones y continuas suposiciones fruto de nuestra imaginación. En la actualidad, son la causa de demasiadas situaciones conflictivas tanto personales como laborales.

¿Cómo trabajar entonces este tipo de miedos?

En primer lugar, nuestra predisposición hacía este concepto, el miedo, ha de cambiar. Necesitamos comprender que la descalificación y la negación solo conseguirán consecuencias mucho peores que el miedo en sí. Cuando nuestra actitud sea la de normalizar la emoción, aceptándola como un aviso, seremos capaces de diferenciar los miedos reales de esos miedos mentales. Así, será posible reconocer de qué forma se manifiestan en nosotros, pero esta vez, conscientemente.

En segundo lugar, parece mentira que sean esos mismos pensamientos saboteadores o catastróficos los que nos sirven de indicio o clave. Los que intentan aislarte, obstaculizarte o bloquearte, para te quedes inmóvil o para que sigas reproduciendo las mismas conductas no deseadas. Y ya sabemos que si las seguimos repitiendo por ende, las consecuencias serán reincidentes. Precisamente, escucharlos y asistirlos es el siguiente paso.

Aceptar y asistir los miedos mentales
Aceptar y asistir los miedos mentales

¿Qué puedo hacer con ellos?

  • Puedes utilizarlos como pista para crear desde aquí un dialogo interior. Que vaya encaminado a descubrir cuáles son las herramientas o los recursos que necesitamos para que estas situaciones no supongan una amenaza.
  • Puedes emplearlos para averiguar pensamientos que por mucho que se repitan, ni te hacen sentir mejor, ni van a solucionar aquello que te preocupa.
  • Puedes investigar que reacciones mentales serían más apropiadas. Para que posibiliten el aprendizaje de nuevos patrones de respuesta.
  • Puedes descubrir que tipo de comportamientos provocan y nos alejan de esa capacidad de adaptación

¿Qué no puedo hacer con los miedos mentales?

Aquello que está fuera de nuestro dominio o control es imposible resolverlo y mucho menos con la proyección al futuro de nuestros pensamientos. La seguridad o tranquilidad no te la dará el hecho de intentar adivinarlo con suposiciones catastrofistas. Por eso, es necesario admitir que no nos sirven para mejorar la situación.

Nuestro poder mental

Donde sí tenemos autoridad y responsabilidad es en la elaboración de estos miedos. Como son fruto de nuestra mente, tenemos el poder para afrontarlos, calmarlos o directamente callarlos por lo absurdos que pueden llegar a ser. Si tenemos poder para crearlos también lo tendremos para domarlos. Ese “poder mental” existe cuando…..

Extracto del libro “Cargando Figuras – Un libro para prevenir y resolver conflictos” Carmen Parrado

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