El sentimiento de la Frustración

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¿Qué es la frustración? La frustración es ese sentimiento desagradable que nos invade cuando algo no ocurre de la forma que nos gustaría. Se produce cuando nuestras expectativas no se ven satisfechas al no poder conseguir lo pretendido. También surge, ante la incapacidad de tomar decisiones o de no ver otras posibilidades de elección.

El sentimiento de la frustración se puede manifestar cuando no nos permitimos dudar ante circunstancias o momentos difíciles, para analizar riesgos o estudiar oportunidades. Sin olvidar, que dudar durante demasiado tiempo, hasta que nos paralice la inacción, es igualmente un incitador de este sentimiento.

El grado de frustración suele ir en consonancia con la importancia que le damos a esa situación o al objetivo que no hemos podido alcanzar. Esa importancia se obtiene según la interpretación mental que le damos. Una definición corta para Frustración sería: Un sentimiento desagradable que surge cuando nuestras expectativas no se cumplen.

¿Por qué tantas frustraciones?

La gran mayoría hemos tenido y tenemos desafíos a lo largo de nuestra vida. Pueden ser, tanto personales relacionados con la familia, la pareja, nuestros hijos e hijas, nuestras amistades como también laborales. Los cambios de puestos de trabajo, la falta de un puesto de trabajo, la relación con superiores o con colegas. Multitud de encuentros fastidiosos de diferentes índoles, tanto en nuestra vida real como la otra “online”. Estas frustraciones forman parte de nuestro recorrido vital desde la infancia. ¿No sería lógico entonces tener desarrollada una buena tolerancia a las frustraciones? ¿No sería más lógico saber relacionarnos con este sentimiento un poco mejor?.

Así, aceptar que no todo es como se quiere, porque no todo está bajo nuestro control, sería algo más llevadero. Sin embargo, existen numerosas variables que influyen en nuestras respuestas de forma bastante negativa. Además, alguno de los mecanismos de defensa que inconscientemente hemos desarrollado para afrontarlas, son más dañinos que la misma frustración que sentimos.

“A menudo, no somos conscientes de las razones y las causas de nuestro propio comportamiento”.

John Bargh

Baja tolerancia a la frustración

La baja tolerancia a la frustración es una de las principales variables que repercute negativamente en la manera de actuar que tenemos. En nuestra sociedad parece ser que esa tolerancia va en decadencia. Los mecanismos de defensa son inadecuados en el uso y la intensidad que corresponde a la auténtica situación. Las prioridades no parecen que estén establecidas con coherencia y sentido común. Esto provoca conflictos continuamente, tanto en nuestra vida real como en la virtual, esa que solemos mostrar en las redes sociales.

Nos alteramos en demasía y demasiadas veces, con nuestros hijos e hijas, parejas… también en el entorno laboral, cuando estamos conduciendo, en la cola de un supermercado, esperando en un restaurante, viendo la televisión… cualquier excusa es buena. Vamos con prisa, “estrés” (o eso creemos) y con esa sensación incómoda de “me falta tiempo”. Todo esto compone un caldo de cultivo “perfecto”. Ocurre que al más mínimo contratiempo nuestra reacciones son exageradas y en algunos casos, totalmente fuera de lugar.

Cultura de la Impaciencia

Esta baja tolerancia a la frustración está íntimamente relacionada con otra variable que denomino, “La Cultura de la Impaciencia“. Una cultura, que impera actualmente en demasía. Resumida en una frase:Lo quiero rápido, lo quiero ya y lo quiero a mi manera”.

Esta cultura de la impaciencia se alimenta de la anomia, (a-sin, nomos-norma). Un concepto que se emplea para referirse a una desviación de las normas por indisciplina social. Esta ruptura de las normas y falta de valores que regulan el comportamiento y la disciplina social hacen que la sana convivencia sea cada vez más complicada.

Lamentablemente su principal causa es la pérdida de valores por la falta de educación. No viene de hace unos meses, porque cuando se hace visible ya se trata de la permisibilidad de una generación y la falta de moral y ética de la otra …

Por eso, las personas pierden la noción de la conducta adecuada ante la sociedad, generando consecuencias conflictivas y de división. Tristemente, no ha sido la pandemia mundial la que ha causado los últimos acontecimientos que estamos viviendo cuando ha terminado el Estado de Alarma… esto, ya venía de mucho antes…

Esa falta generalizada de valores como respeto y empatía… Sumado a la carencia de paciencia y tolerancia, está teniendo consecuencias. Entiendo que a nivel individual, es importante tomar conciencia. ¿Qué comportamientos he adoptado que de alguna manera se han convertido en pautas o prácticas comunes? ¿Son adecuados?. ¿Se puede decir que, la Cultura de la Impaciencia nos está dirigiendo a la “cultura de una sociedad mal criada”? Una sociedad en mi opinión, muy necesitada de normas cívicas de convivencia, de educación en valores y educación en inteligencia emocional.

Ignorancia Emocional

Por último, una de las variables predominantes y que destaca en exceso, sin excepciones culturales, económicas o sociales, es la Ignorancia Emocional. Tenemos poco conocimiento sobre el mundo de las emociones. No sabemos sobre su funcionalidad y la gestión de las mismas. Por eso, como consecuencia, la baja tolerancia a la frustración nos entristece, nos enfurece, nos avergüenza, nos hace sentir culpables…

Miedo, tristeza, enojo, culpa, vergüenza, envidia… emociones mal entendidas que intentamos evitar. Las consideramos “negativas”, que no se deben sentir y que inevitablemente, cuando las sentimos… las negamos, las disimulamos o ignoramos. Así, no importan las batallas, que la guerra está perdida. Nuestra respuesta emocional lejos de ser adecuada, se convierte en una reacción nociva y destructiva. Muchas veces, debido a esta ignorancia, ocurre como decía Blaise Pascal:

“Un hombre está dispuesto siempre a negar todo aquello que no comprende”.

Lo inesperado
Hannibal y el caos que se alimenta

¿Entonces cual es la cuestión?

Pues, la cuestión es, que si a estas variables que acabamos de ver:

Le añadimos circunstancias absurdas que superan el sentido común, o eventos fuera de nuestro control… con mensajes que son más propios de películas apocalípticas o dramas de telenovela… Se nos presenta, cuasi imposible, alcanzar algún tipo de lógica a la hora de decidir sobre nuestros comportamientos.

Y mucho menos, conseguir esa “felicidad”, equilibrio, dicha y/o paz interior de la que tanto nos hablan, y que supuestamente anhelamos… Como dice un refrán inglés: “The grass is always greener on the other side of the fence” (La hierba siempre está más verde al otro lado de la valla) …

Extracto del libro “Cargando Figuras”

Autora Carmen Parrado
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