El monopolio emocional no existe

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Es esencial saber que el monopolio emocional no existe. ¡Cómo si no, vamos a cambiar conductas ante los conflictos y más aún prevenirlos!, sin aprender “Lo que son nuestras emociones básicas y universales con las que venimos al mundo”.

“Claro que nos gustaría incidir sobre el carácter de la gente, y sobre los principios morales, y sobre el comportamiento cívico de las personas. Pero la neurociencia moderna, está descubriendo que nada de esto es posible, no solo que nada de esto es posible, sino que es un verdadero disparate pretenderlo, sin estudiar la competencia emocional. Lo que son nuestras emociones básicas y universales con las que venimos al mundo” Eduard Punset.

Nuestro cerebro

Somos seres racionales y emocionales. Millones de años de nuestro cerebro emocional adelantan al racional. Si nos describiéramos siguiendo la edad de nuestro cerebro triuno, seriamos algo así como: “animales emocionales que pensamos”. El cerebro reptiliano sería el más antiguo, seguido del límbico o emocional y terminando con el neocortex que sería el racional.

Aun ordenándolos así, no hay estudios que consigan de forma clara separar la racionalidad de la emoción. Es decir los “circuitos existentes” y la complejidad de las conexiones neuronales van más allá de una evolución estructurada y meticulosa.

Nuestra Mente

Tampoco cuando hablamos de nuestra mente, los expertos llegan a ponerse de acuerdo en una definición clara. Sabemos que los pensamientos se albergan en ella, también una serie de procesos como la percepción, la imaginación, la emoción, el aprendizaje… Nuestra mente comprendería estas habilidades cognitivas que proceden del funcionamiento del cerebro. Allí donde los pensamientos y las emociones se relacionan, parece que en esto último las distintas teorías científicas sí que están de acuerdo.

Desde esta ambigüedad científica lo que sí puedo asegurarte es que olvides desde ya, la posibilidad de separar tus emociones de cualquier conflicto. Las emociones no son cosas que se puedan dejar guardadas en un cajón y seguir con tu vida cuando así lo elijas o te lo exijan. Tampoco podrás evitar sentirlas.

Es importante saber que el monopolio emocional no existe. El miedo de los cobardes, la tristeza de los débiles, la alegría de los felices y la rabia de los violentos. Porque los valientes sienten miedo y los fuertes también lloran. Las personas felices se entristecen y hasta los más pacíficos han sentido rabia. La ignorancia emocional es el gran obstáculo del ser humano para ser HUMANO.” Carmen Parrado Coach

¿Qué es la ignorancia o analfabetismo emocional?

Ya desde los años 50 se comienza a hablar del “analfabetismo emocional”. Este término se utilizaba para identificar a esas personas “analfabetas emocionalmente”. Estas personas sienten como todo el mundo, sin embargo, son incapaces de reconocer qué es aquello que sienten ni porqué lo sienten. Algunos expertos han trabajado desde su especialidad esta temática. Los psicólogos Freedman y Sweet, el psiquiatra Eric Berne. También su discípulo y colega, doctor en psicología Claude Steiner, este último creador de La Teoría de las caricias. Steiner profundiza sobre la influencia que tiene en la vida de las personas, la relación que existe entre la información racional y las emociones.

¿Qué ocurre si esta relación no es sana?

Constantemente la información racional está vetando el sentir y expresar esas emociones. Esta relación no es sana y está coartando nuestro aprendizaje para manejarlas y la capacidad de crecer en autoconocimiento emocional. Socialmente, las emociones han estado “mal vistas”.

  • Primero, se han etiquetado a las personas que muestran sus emociones como: pasionales, impulsivas, vehementes, irracionales y hasta inmaduras. Al mismo tiempo, se les ha negado una educación emocional que les ayude a gestionarlas.
  • Segundo, como resultado vamos dejando de compartir esas reacciones emocionales con nuestro entorno. Vivimos en soledad el miedo, la tristeza, la rabia, la alegría.. Es decir, también las buenas noticias se van dejando de contar.
  • Por último, otro efecto es, que “camuflamos” la emoción que sentimos con otra distinta, una que en nuestro ambiente más cercano se haya aceptado como algo más ordinario o habitual, esto nos lleva a mostrar una emoción sustitutiva que ocupa el lugar de la verdadera o auténtica.

La Educación Emocional

Si la educación emocional se centrara en la funcionalidad de lo que sentimos. También en la utilidad y el para qué sentimos esas emociones, podríamos recuperar su dignidad. Así lo defiende Norberto Levy, médico psicoterapeuta y autor de libros como “La sabiduría de las emociones” (dos libros) y “Aprendices emocionales” entre otros…

De esa manera, serían aceptadas y reconocidas, para que la relación entre lo racional y emocional se diera de forma natural. Algo que nos llevaría al equilibrio en su gestión y comunicación. Por eso, un trabajo profundo de autoconocimiento emocional, es primordial y esencial, desde la educación.

Emociones, comunicación y decisiones

Solamente después, seríamos capaces de centrarnos en el poder que tienen las emociones llevadas a las conversaciones. Imagina, en la resolución de conflictos y la toma de decisiones, tener la capacidad de gestionar la intensidad de la emoción. Esta última, la toma de decisiones es protagonista de momentos muy determinantes en nuestras vidas. Por eso, no me canso de repetir: “Sobre emociones temporales no se toman decisiones permanentes”. Además insisto en que: “La emoción precede a la razón. Y entre el sentir y el pensar, ella guiará tus decisiones, porque, ¿sabes desde qué emociones tomas las decisiones más importantes de tu vida?¿Sabes si has tomado una decisión desde el miedo o el enojo o el amor? Los resultados objetivamente, serán muy distintos y seguro que ya lo sabes. Entonces, si son tan importantes, ¿por qué resulta tan complicado gestionarlas?

¿Cuáles son las causas de esta dificultad?

Socialmente y desde nuestra infancia, se nos ha negado una y otra vez, vivir y aprender sobre nuestras emociones…”No tengas miedo”, “No te enfades”, “No llores” “¡No te rías tan fuerte!”…Todavía estas frases se siguen escuchando en diferentes ambientes, y no solo dirigidas a una edad determinada. Muchos de nuestros roles se encuentran limitados por exigencias externas. Son esas exigencias las que impiden un aprendizaje consciente de este mundo de las emociones y de la Inteligencia Emocional.

Cada una de ellas cumple con una función, reaccionan ante estímulos tanto externos como internos (pensamientos) para adaptarse al entorno y dependiendo del estímulo y como lo interpretemos, así será su grado de intensidad.

Una emoción no surge de la nada, necesita un “incentivo”

Continuamente recibimos estos “incentivos”, pero dada la baja intensidad de la mayoría de las emociones que sentimos, somos incapaces de ponerles nombre. Por eso, reconocerlas en nuestro cuerpo, es una de las primeras dificultades que encontramos para gestionarlas. Resulta que, cuando ya somos conscientes de la emoción que sentimos, el grado de intensidad es demasiado alto como para manejarlas correctamente.

También, nuestro vocabulario emocional en general es insuficiente para describirlas y graduarlas según su intensidad de forma apropiada. Además, solemos reconocer las emociones con más facilidad cuando los impulsos o estímulos provienen del exterior. Sin embargo cuando provienen de nuestros pensamientos la tarea se vuelve más dura. Pues de manera inconsciente, dejamos que nos influyan y provoquen sensaciones, emociones y sentimientos desagradables.

Artículo extracto de uno de los capítulos del libro: “Cargando Figuras”

Autora Carmen Parrado
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