Crecer con el tópico “Ser buena persona” convertido en creencia.

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Desde nuestra infancia hemos escuchado continuamente frases relacionadas con ser buena persona. Se comienza con “No seas malo/a”; “Hay que ser buen hijo/a”; “Los niños buenos no gritan”; “Las niñas buenas no pegan”; “Los buenos amigos ayudan”; “Las buenas amigas comparten”; “Los buenos al cielo, los malos al infierno”…. Así hasta el infinito, dependiendo del criterio de padres, familiares, docentes… Crecer con el tópico “ser buena persona” convertido en creencia, es un arma de doble filo.

Ocurre, que oyendo estas frases rígidas desarrollamos creencias limitantes, donde no existen medias tintas, y que nos conducen a pensamientos polarizados, irracionales, negativos y automáticos. “Al bueno darás y del malo te apartarás” pero claro, si creemos en refranes como “Perro ladrador, poco mordedor” o “Bueno es el gato, hasta que te araña”… Entonces, el barullo va enredándose hasta niveles donde nuestra estabilidad emocional y mental es un desastre.

¿Por qué es complicado sentirse buena persona todo el tiempo?

Pues porque ser buena persona es tan difícil como contentar a todo el mundo. ¿Alguna vez has vivido situaciones en las que has llegado a pensar “de bueno soy tonto” o “soy demasiado bueno o buena persona”? Probablemente sí.

Bajo esas circunstancias, resulta que antepones a los demás y dejándote para el final. Puede que te cueste muchísimo decir que “no” cuando te piden un favor y llenes tu agenda de atenciones para otras personas.

Tampoco es fácil para ti afrontar una situación conflictiva donde expresar aquello que te molesta o hace daño, de otra persona. Creciste evitando decir cosas que pudieran lastimar porque eso no es de buena persona. Cuando en realidad es tan importante defender tus derechos como lo es, no dañar los de otros.

¿Qué mínimo nos hace falta para trabajar esta polaridad entre bueno y malo?

  • Hacer flexibles este tipo de pensamientos o creencias es esencial, para poder ser capaz de diferenciar cuándo, cómo y porqué es necesario tener conversaciones difíciles para solucionar problemas.
  • Aprender a gestionar la emoción del miedo, en este caso, muchos miedos mentales como: miedo a no ser buena persona, miedo a lastimar, miedo al sentimiento de culpabilidad, miedo a no contentar a otros, miedo a no gustar, miedo a que no te acepten tal cual eres….
  • Aprender a gestionar la emoción del enojo, empezando por saber que enojarse es una cosa y lo que haces con tu enojo es otra muy diferente. Enojarse no es sinónimo de enfadarse. La emoción que siento se puede separar de lo que hago con ella.
  • Centrarnos en CÓMO comunicamos, lo repito mucho, cómo lo dices impacta más que lo que dices. El CÓMO impacta más que el QUÉ.

¿Y sobre qué sería bueno aprender también?

Crecer con el tópico “Ser buena persona” convertido en creencia, hace que vayamos construyendo otro tipo de distorsiones en nuestra mente, aquí estas que te pongo como ejemplos:

Falacia de recompensa divina, en este caso sería cuando se piensa que algún día te llegará la compensación, premio o recompensa (por arte de magia), por ser buena persona. También, existe tendencia a pensar que los problemas con el tiempo se resuelven solitos… ¿Todos?.

La Falacia de argumento y consecuencia donde se utilizan correlaciones sin sentido, es otra muy común. Se trata de basar la veracidad de una afirmación en las consecuencias. Esto no hace a la premisa más real o verdadera. Es como pensar, “si soy buena persona me pasarán cosas buenas”…. Te lo explica muy bien en esta cita Bruce Lee: “Esperar que la vida te trate bien porque eres buena persona, es como esperar que un tigre no te ataque porque eres vegetariano”.

Hay bastantes más para curiosear aquí en este enlace y que pueden ayudarte a ordenar un poco esa amalgama de pensamientos inconsistentes, absurdos y con poco sentido común (aunque algunos suenen muy bonitos).

Relaciones distorsionadas
Bruce Lee nos explica la falacia de argumentación y consecuencia

Aprender sobre la amabilidad

Sería bueno aprender sobre la amabilidad, es en mi opinión una manera preciosa de sentirte “buena persona”, sin tanto jaleo de distorsiones… y sabiendo que no significa que lleve premio divino, aunque sí, satisfacción personal.

Os dejo un enlace sobre otro artículo llamado ” La Amabilidad y las personas amables” porque siempre que la persona acepte que necesita ayuda, es posible cambiar comportamientos y conductas. No ocurre de la noche a la mañana, pero la buena noticia, es que es posible trabajar este tipo de valores y mejorar aquellas debilidades que te alejan de ser capaz de utilizar la amabilidad, al menos, la mayor parte del tiempo.

Puedes contactar conmigo pinchando en mi nombre Carmen Parrado

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