¿Cómo vivimos el concepto de la vulnerabilidad?

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Uno de los miedos que han aflorado con más asiduidad desde que trabajo la gestión emocional y como la confusión en la vivencia de los conceptos nos hace la vida más difícil, es: La vulnerabilidad. Entonces, ¿Cómo vivimos el concepto de la vulnerabilidad?

Muchas personas tienen miedo a sentirse vulnerables, miedo a mostrar todos esos sentimientos que hacen que sus armaduras, sus defensas, sus “caretas” caigan al suelo y sean transparentes ante alguna circunstancia o ante otro ser humano. “El miedo a sentir que estás a merced de una respuesta de la que no tienes ni mando, ni timón” es una de las muchas definiciones que me han dado de este concepto.

Lamentablemente, vulnerabilidad se confunde con debilidad, ¿crees que detrás de una persona vulnerable la fortaleza no existe? “Soy demasiado sensible, muy débil, soy muy vulnerable” se enlaza como si formara parte del mismo lote.

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¿Cómo deshacer esa confusión que hace tanto daño?

Nos venden que el mundo es de los fuertes. “Hay que ser fuerte como un roble”; “No muestres tus sentimientos se aprovecharán de ti”; “Qué del árbol caído es más fácil hacer leña” y que mostrarse por completo sacará a la luz esas debilidades que después pueden utilizar para atacarnos, como si se tratara del hombre del saco o de los fantasmas que nos aterraban en nuestra niñez. Cómo vamos a permitir que otros contemplen que somos imperfectos que cometemos errores y que en muchas ocasiones nos sentimos desamparados sin saber cómo solucionar o afrontar situaciones difíciles.

Pedir ayuda es de débiles, decir “siento que no puedo con esta situación” eso no es signo de fortaleza, ¡hay que ser fuerte! nos dicen. Y sin darnos cuenta, ese pensamiento se convierte en una creencia que nos impide buscar apoyo, buscar cobijo o un hombro en el que llorar. Nos alejamos de la posibilidad de compartir nuestro sentir y descubrir que también en innumerables ocasiones la alegría está un paso más allá de ese momento. 

“No pido ayuda porque es de débiles, entonces se derrumbaría la muralla que tanto tiempo costó construir, y como un truco de fichas de dominó en cuestión de segundos estaría indefenso y desvalido… ¿Quién me va a querer siendo así?” Me decía una de estas personas. ¿Hasta dónde llega la desconexión con uno mismo y con los demás?

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Somos humanos y vulnerables

Admitir que cualquiera de nosotros nos hemos sentido vulnerables en multitud de ocasiones ¿es excesivamente obvio como para ser cierto? Desde la perspectiva antropológica es evidente que la vulnerabilidad es una característica de lo humano. Sin embargo, las tradiciones culturales lo han relegado a un segundo plano. Han creado una relación de este concepto con el medio (condiciones socioeconómicas, culturales, educativas…) y no con la persona. Esto provoca que se de más prioridad a la protección económica que la reclamación de derechos que nos otorga este concepto.

¿Cuántas veces te has mordido la lengua? ¿Decirlo en voz alta lo hace más real? Si escondes esos sentimientos de miedo al rechazo, a no gustar siendo quien eres porque no te sientes capaz de mostrarte o de pedir ayuda. Simplemente por el hecho de no pronunciar esas palabras piensas que, ¿eres más fuerte?. Hasta dónde llega el engaño, esas mentiras y ese continuo aparentar, que muchas de las situaciones que vivimos no nos afectan.

¿No te das cuenta que el acto de mostrarse vulnerable es el que te hace fuerte?¿Sabes que estar “en la palma de la mano de la otra persona” nada tiene que ver con compartir cómo te sientes? 

Si pones tus cartas en la mesa sin guardar el as en la manga, te hace ser quien eres, te hace ser una persona auténtica. Sobre todo te hace conocer y ver quién es la otra persona. ¿Dónde está la debilidad ahí? Esa idea falsa y colectiva de ocultarte tras las apariencias para conseguir aceptación es la que realmente te hace débil. Quizás por miedo al rechazo, o a que se compadezcan de ti, miedo a no recibir la comprensión que crees necesitar o simplemente miedo a sentir miedo

Detrás de esa negación a mostrarse vulnerable, a exponerse de manera genuina, a ser lo que realmente somos, llegamos a un rincón donde se siente que no cumpliremos con las expectativas del otro, que no somos lo suficientemente buenos y por consiguiente no somos dignos de comprensión, amor y respeto. Hasta ese punto llega en muchos casos la respuesta fatalista porque estamos perdiendo esa tolerancia a sentir vulnerabilidad como lo que realmente es, la demostración de que sentimos y no somos máquinas. Te has preguntado cuál está siendo el precio de la invulnerabilidad. Brené Brown te lo explica en este enlace. 

Quiero que sepas

Quiero que sepas que tu dignidad no está en peligro, nacemos, vivimos y morimos con ella. Es el acto de mostrarse vulnerable el camino más corto para confirmar si esa creencia inconsciente está presente en ti y puede hacerte daño. Cuidado, porque es esta confusión en la vivencia de este concepto la que nos aleja de una autoestima sana y por tanto, de nuestra felicidad. 

Si es tu caso, solo quiero que sepas que cualquier ser humano es digno de amor y respeto. ¡Tanto tú, como yo, somos dignos de amor y de respeto!

La aceptación, la conexión, la comprensión, la autocompasión, el respeto y el amor propio están detrás de todas esas muestras de vulnerabilidad. Si has elegido confiar en ti o en otra persona, conectar con la situación y ser genuina y auténticamente tú.

Y te pregunto, si eso no es fortaleza, ¿Qué lo es entonces?

Extracto del ciclo de sesiones formativas “Los Conceptos que Vivimos” centradas en la filosofía del lenguaje y los actos lingüísticos del habla por Carmen Parrado. Eventos en septiembre. 

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