Como organizamos nuestros conocimientos

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Necesitamos ordenar de alguna manera los sistemas de conocimientos que observamos. Dicho de otro modo, poner nombre a cualquier cosa que vemos y experimentamos. Entonces, organizamos y clasificamos para generar nuevos conocimientos y así crear predicciones “concretas”.

Esas predicciones serán tanto de cantidad como de calidad. Es decir, son tanto cuantitativas como cualitativas, y de ahí se califican no solo las cosas, sino también las personas.

Organizar y clasificar no solo es apilar conocimiento teórico ¿Cómo organizamos nuestros conocimientos para las relaciones sociales?

¿Para qué nos sirve?

Este sistema para organizar o clasificar conocimientos nos sirve como instrumento para lidiar con la incertidumbre que nos provoca pensar el futuro. Sí, el futuro. Algo que ya sabemos, pone muy nerviosos a nuestros cerebros. Y para conseguir tranquilizarlos establecemos unos criterios de “verdad” previos, como los pilares de una casa.

Sobre estos “criterios de verdad” se formulan esas predicciones “racionales”, formando leyes generales que se convierten en nuestras propias reglas. Por ejemplo, la mayor parte de nuestros hábitos o costumbres nacen para darnos esa “seguridad” ante el futuro. Como las creamos, las creemos y las cumplimos a raja tabla sin darnos cuenta…

Hasta aquí, tiene algo de sentido, y como método científico no lo discuto, facilita nuestro día a día. Esa es la teoría…No obstante, a la hora de tratar con seres vivos el asunto es muy diferente. Ya no hablamos de simples etiquetas que nos ayudan a clasificar y organizar las cosas (una silla, un coche, un edificio). Tampoco de esas costumbres que creamos. Cuando hablamos de seres vivos, existen muchas e importantísimas variables que están, y que no solemos tener en cuenta. Una de estas variables es el cambio.

El cambio como variable a tener en cuenta

La vida es cambio, es movimiento y además es incertidumbre. Si intentamos controlar eso con etiquetas, nos alejamos de la capacidad de adaptación al medio. Además, nos acercamos cada vez más, a algo muy común actualmente, llamado “resistencia al cambio”.

Realmente, no somos conscientes. Por querer protegernos con esos criterios de verdad, fabricamos conceptos para intentar construir un futuro más seguro cuando nos relacionamos con “el cambio”… ¡Cómo si eso fuera posible! ¡Un futuro seguro! Me da la risa, con esto….

De todas formas, como te iba diciendo… Cuanta mayor sea la resistencia, mayor será el uso de esas etiquetas y de tanto uso, terminarán por convertirse en hábitos dañinos, para nuestro bienestar y el de los demás… y tras esto, se convertirán en “CREENCIAS” que viviremos como realidades verdaderas e inamovibles, sin notar que nacieron con poco fundamento y muchas de ellas solo, de suposiciones lanzadas al viento….

De una etiqueta a una creencia en las personas

Imagina, por ejemplo, que en tu primera presentación en tu escuela, universidad o empresa o primera reunión que para ti es importante, por ejemplo, tienes que exponer uno de los temas a tratar…. ¡TACHÁN! te pones de los nervios, (porque es muy normal que ocurra en cualquiera de las “primeras veces” que experimentamos en nuestras vidas…).

Imagínate que no sabes contestar a alguna de las preguntas que te hacen, o titubeas o te lías un poco, y tras pasar un mal rato, cuando por fin terminas… comienzan los comentarios y calificaciones, y algunas de esas etiquetas que utilizan para describirte, están relacionadas con la inexperiencia, o inseguridad, nerviosismo o poca seriedad y/o hasta irresponsabilidad… Las personas que desde la ignorancia lanzan descalificaciones tienen la arrogancia por bandera.

Es entonces, cuando en vez de observar el comportamiento que has tenido en ese momento, (repito, uno bastante usual para una primera vez), recibes calificaciones sobre tu profesionalidad y sobre ti. ¿Cómo crees que te van a tratar en adelante? ¿Cómo crees que terminarás comportándote en esas reuniones si esos calificativos se alargan en el tiempo?

No es sencillo evitar que al final, influyan en tu comportamiento futuro. ¿Por qué?…. ¿Cómo organizamos nuestros conocimientos cuando hablamos de personas?

Aceptar y asistir los miedos mentales
Aquí un enlace para ver que nos pasa con miedos mentales y nuestras habilidades sociales “Al igual que no se puede conquistar un pico que no se escala, tampoco se puede asistir un miedo que no se acepta.” Carmen Parrado

Extracto relato: “Me llamo Hugin” – Una historia de Leyendas. Autora Carmen Parrado

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