Agresión como mecanismo de defensa de la frustración

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Desde una temprana edad vamos desarrollando diferentes formas de actuar ante la frustración. También desengaños, desilusiones o fracasos. Este tipo de reacciones y en este caso, la agresión como mecanismo de defensa de la frustración surge para afrontar sentimientos desagradables cuando nuestras expectativas no se cumplen. Es decir, nacen para protegerse de esa frustración.

Cuando la persona aún con este tipo de “estrategias” o desajustes no consigue los resultados deseados, suelen llegar a desarrollar conductas desadaptativas u otro tipo de mecanismos. Algunos como la ansiedad anticipatoria, el distrés o la depresión que nada tienen que ver con la efectividad en el desenlace deseado. Estos comportamientos, en muchas ocasiones, se encuentran afianzados o respaldados por sentimientos de impotencia, incapacidad, resignación, pasividad….

El fin no justifica los medios

El hecho de que estos mecanismos de defensa aparezcan con el fin o la intención de resguardarte de estos sentimientos desagradables, no significa que estos mecanismos sirvan de ayuda. Sobre todo en este caso, el de la agresión. Algunas de las reacciones aprendidas son patrones de respuesta que se presentan en forma de gritos, huidas, culpa, agresiones verbales y hasta físicas…

La mayoría de estos mecanismos son poco funcionales o prácticos. Este de la agresión es de lo más perjudiciales y dañinos, tanto para el entorno cercano como para la persona que lo utiliza. Ya sea de forma verbal o física, tiende a agredir directamente aquello que cree que es la fuente de la frustración que siente.

Una excepción

“Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo”

Alie Wiesel

Este mecanismo solamente podría estar justificado en caso de legítima defensa o defensa propia, donde el instinto de supervivencia o conservación es VITAL.

En los demás casos, la violencia no es una conducta que pueda servir de pretexto para solucionar conflictos o frustraciones. Al utilizar este mecanismo vemos que la persona no ha sido capaz de desarrollar patrones de respuesta más apropiados. Existe falta de autocontrol mental y la gestión emocional del miedo, el enojo, la tristeza y hasta la vergüenza, es demasiado pobre.

Cuando no se remedia a tiempo, la respuesta de este mecanismo a la frustración irá en aumento. Lo hará tanto gradualmente en discusiones o disputas, como también exponencialmente, sin existir una relación coherente entre la frustración y la reacción que se desencadena. Una simple gota puede provocar una tempestad y esta volcará toda su fuerza en el entorno más cercano.

Creo que no es necesario decir, que este, es de los mecanismos de defensa más peligrosos y dañinos. Sobre todo, cuando forma parte del comportamiento usual de una persona. Atacar, ya sea con palabras hirientes, frases despectivas o insultos, es un acto denigrante. Y lo es, tanto para la persona que las recibe, como para quién utiliza la agresión. La dignidad es inherente al ser humano. La dignidad no es una cualidad que pueda ser otorgada o denegada. Desgraciadamente, el de la agresividad, si se lo permitimos, intenta quebrantarla, humillarla y pisotearla.

¿Qué causas provocan este mecanismo de defensa?

Son muchas las causas; Una autoestima que no es sana; La falta de tolerancia a las frustraciónLa emoción del enojo mal gestionado en todas sus facetas y en sus grados de intensidad. La rabia, la ira, la cólera mezcladas con emociones secundarias. La hostilidad y crueldad entre otras, además, pueden estar presentes. No podemos olvidar que cuanto mayor sea la intensidad emocional, menor será la capacidad de razonar.

El arte de la Guerra
El arte de la guerra – Sun Tzu

Espero que no llegues a tener que utilizar este mecanismo de forma legítima. También espero que tu dignidad no sea ultrajada o deshonrada por personas que te ataquen de esta forma. Se pueden combatir las injusticias y actos inadmisibles con la no violencia. Ésta, por supuesto, nada tiene que ver con la pasividad o poner la otra mejilla…

Extracto de: Cargando Figuras – Un libro para prevenir y resolver conflictos Carmen Parrado

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